Me repetí a mi misma que no podía llorar. Ese agobiante nudo en la garganta desaparecería sólo, quizás unas palabras de ánimo lo aflojaran. Otra cosa era el nudo que se me había instalado desde hacía tiempo en el corazón, ese que no me dejaba respirar, ni de día ni de noche; ese que estaba alerta en cada esquina por si la suerte llamaba a mi puerta, y te encontraba, cosa que sucedió; ese que hacía que cada carcajada sonara como un lamento.
Era como una enfermedad, lo recuerdo. Cada día aumentaba, se extendía y me quitaba todos y cada uno de los atisbos de felicidad que pudiera llegar a tener.
Toda enfermedad tiene una cura, una medicación que si la tomas regularmente puedes llegar a sanar, en mi caso a recuperar la sonrisa, las ganas de vivir. Esa cura podía ser él y lo es.El dolor es algo inevitable, pero siempre se puede hacer algo para que sea más llevadero.
pero jamás volveré a caer en ese pozo oscuro del que creí que no podría salir. Por ello, yo, aquí y ahora, ante todos aquellos lectores que se hayan sentido curiosos ante mi historia, me declaro culpable. Culpable por los errores cometidos, las palabras no dichas, los consejos que no acepté y el tiempo malgastado. Pero, sobre todo, me declaro culpable por las reglas incumplidas, las locuras cometidas y por los momentos de subidón. Me declaro culpable de mi repentina libertad, de mis ganas de vivir que me consumen, de ver en cada momento una nueva oportunidad, un nuevo comienzo y una excusa para enterrar las heridas del pasado. Lo único que me queda por aclarar, algo que se quedará conmigo para el resto de los días y con lo que tendré que convivir para aprender a sacar mi vida adelante, seguir en el camino correcto, no callar ante lo injusto para poder vivir un poco más a gusto, sea como sea… es una frase, y es que:
Ahora soy una luchadora.
Toda enfermedad tiene una cura, una medicación que si la tomas regularmente puedes llegar a sanar, en mi caso a recuperar la sonrisa, las ganas de vivir. Esa cura podía ser él y lo es.El dolor es algo inevitable, pero siempre se puede hacer algo para que sea más llevadero.
pero jamás volveré a caer en ese pozo oscuro del que creí que no podría salir. Por ello, yo, aquí y ahora, ante todos aquellos lectores que se hayan sentido curiosos ante mi historia, me declaro culpable. Culpable por los errores cometidos, las palabras no dichas, los consejos que no acepté y el tiempo malgastado. Pero, sobre todo, me declaro culpable por las reglas incumplidas, las locuras cometidas y por los momentos de subidón. Me declaro culpable de mi repentina libertad, de mis ganas de vivir que me consumen, de ver en cada momento una nueva oportunidad, un nuevo comienzo y una excusa para enterrar las heridas del pasado. Lo único que me queda por aclarar, algo que se quedará conmigo para el resto de los días y con lo que tendré que convivir para aprender a sacar mi vida adelante, seguir en el camino correcto, no callar ante lo injusto para poder vivir un poco más a gusto, sea como sea… es una frase, y es que:
Ahora soy una luchadora.

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